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Saywite
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SAYWITE, UN CENTRO MÁGICO RELIGIOSO EN LA CORDILLERA DE LOS ANDES, APURÍMAC.

 

José A. Castañeda Peláez (*)

A 45 kilómetros de la ciudad de Abancay, en la carretera Abancay – Cuzco, se encuentra el sitio arqueológico de Saywite, palabra que quiere decir “mojón de piedra”. El lugar fue descrito a lo largo del tiempo por americanistas, viajeros e investigadores, llegando a la conclusión de que Saywite fue un centro religioso de gran importancia. Es un sitio privilegiado de manantiales, al contorno de los cuales se erigieron numerosos templos y se crearon tan ingeniosas obras del arte indígena. En tal sentido se trataría de un centro ceremonial de culto al agua con características mágico religiosas que tuvo gran importancia regional.

El conjunto se encuentra ocupando un espacio de dos hectáreas, estando ubicado su templo mayor y la tan conocida litomaqueta en la cumbre de una pequeña colina, desde donde se observa todo el espacio de culto. A este complejo algunos investigadores lo dividen en seis sectores, en base a los cuales escribimos a continuación:

Monolito y recintos

·          El monolito.  Se encuentra ubicado en las Coordenadas: N 0737767 / E 8501272, es una roca de granito de 2,30 m. de altura, 11 m. de circunferencia y un diámetro menor de 3,10 m. contiene más de doscientas figuras y éstas podemos clasificarlas entre: antropomorfas, fitomorfas, zoomorfas, ambientes geográficos, escenas, terrazas de cultivo, canales de riego, y construcciones humanas, talladas aprovechando los relieves y depresiones naturales de la piedra. Muchos proponen – sin mayor sustento - que la piedra de Saywite fue una especie de plano o croquis pétreo hecho por arquitectos incas para llevar el control de las obras hidráulicas que realizaban. Otros para rendir culto a los que moraban en el mundo o panteón andino, dividido en los tres planos de la cosmovisión incaica: hanan pacha (mundo celeste), kay pacha (mundo terrenal) y uku pacha (mundo de los muertos), estableciendo un compromiso de bienestar con las deidades.

·          Antropomorfos. Son ídolos o imágenes que representan a las deidades sagradas de la cosmovisión andina. Los pueblos prehispánicos, elaboraron las representaciones de sus huacas o ídolos en madera y en piedra, atribuyéndoles cualidades sobre naturales, los cuales fueron venerados y ofrendados. Los pobladores andinos conocían a sus dioses con dos nombres: Vilca y Huaca, que significa no sólo cualquier dios e ídolo, sino también todo lugar de adoración, como templos, sepulturas u otros, a los que veneraban y ofrecían sacrificios. Los ídolos eran representaciones de los seres divinos y los incas les otorgaron servidores, tierras, bienes y los transportaban al Cuzco si se trataba de controlar rebeliones, como una estrategia que les dio resultados, ya que algunas de las regiones que conformaron el Tahuantinsuyo se alzaron constantemente, como es el caso de los Collas, Huancas, Paltos y Cañaris, sin tener temor a las represalias que podían ejercer sobre sus huacas, que eran el símbolo de su nación.

·          Zoomorfos. Constituido por figuras de pumas, monos, culebras, sapos, lagartos, cangrejos y camarones de río. Sin duda alguna las especies halladas sobre la superficie de la piedra de Saywite pertenecen a las regiones naturales del Perú;  y que formaron parte de las actividades religiosas de estos pueblos. Los tótems son emblemas sagrados que simbolizan una identidad común. En las culturas prehispánicas a estas especies no se las sacrificaba por que se le había dado atributos sagrados y algunas de ellas formaron parte del panteón de las divinidades adoradas por la población. Así adoraban los peruanos antiguos a los osos, felinos, falcónidas, culebras y otros y liderados por los sacerdotes se encomendaban a las cconopas de cada una de estas especies.

·          Fitomorfos. Los cronistas mencionan que el maíz era un alimento codiciado y festivo. Durante la coseche el maíz se llevaba a la casa con grandes festejos. Los hombres y mujeres le cantaban y oraban para que durara mucho tiempo. Si por una parte era cultivado para la elaboración de chicha con fines rituales y de vitalidad, al mismo tiempo era un alimento básico de la canasta familiar.

·          Arquitectura hidráulica. Es sobresaliente la malla de riego, que diseñaron partiendo desde las cumbres. Representarían estas talladuras a los Apus dándoles el agua. Posiblemente se trataba del Ampay, desde cuyas cumbres nevadas salían las escorrentías formando canales que atraviesan túneles y se reparten como venas por toda la piedra, e inclusive se prolongan a la espalda y lados laterales de la gran maqueta. Todo el diseño de una gran ingeniería agrícola esta descrita. Es el nexo entre todas las figuras que en este caso acompañan a la idea central del rito vivencial, del proceso de riego.

·          Palacetes. Son fachadas perfectamente definidas de edificios y fortalezas, con sus escalinatas de acceso. Los cronistas describen que los edificios que los incas hicieron, sean fortalezas, templos, casas de campo y otras, demandaron excesivo trabajo como lo manifiestan las ruinas que han quedado, lo que implica que cada una de estas obras se realizaron con un sistema de organización administrativo laboral recayendo en la mita.

·          Ciudades. Hay dos grupos esculpidos en cada lado del monolito, que se presta a tal interpretación. Lo que más se admira de estos edificios es el considerar con qué herramientas e ingenios pudieron traer estas piedras de las canteras, labrarlas y ponerlas a donde están, no contando con instrumentos de hierro, ni maquinas con ruedas.

·          Escenas. Es admirable la escena que grafica la lucha de la culebra (amaru) con el sapo (hamppatu) el que se halla acorralado por el cuerpo de la culebra, pero en actitud defensiva. Dicen que en esta lucha vence el sapo, el que al verse acorralado por la culebra hace un círculo de baba encerrándose dentro de ella, la culebra no puede tocar la baba por que es mortal y el sapo queda con vida ante la renuncia de su predador.

Esta figura es universal y los mitos al respecto se registran no sólo en los Andes, sino también en el Asia, donde es profusa esta representación. Lo importante es que esta escena, al formar parte del conjunto, expresa mitos y trasciende la representación geográfica.

·          Los recintos.

 Frente al gran monolito se encuentra el conjunto de residencias de los sacerdotes del culto que comprenden 17 recintos en el primer sector, asociados a vanos de acceso,  pasadizos y  tres escalinatas que la más larga tiene nueve peldaños, los cuales se encuentra dentro de muro perimetral de 22 m. de ancho por 20 m. de largo.

La parte frontal de esta área se halla orientada de Este a Oeste. La técnica constructiva en este sector se caracteriza por aprovechar las piedras medianas de 0,60 m. de largo por 0,40 m. ancho dispuestos los lados planos hacia el exterior, unidos con argamasa de barro y con pachillas, su interior  ha sido llenado con piedras pequeñas para dar una mayor consistencia a los muros, los mismos que presentan un ancho de 0,70 m. Estos recintos se construyeron sobre una superficie nivelada.

Se sabe que en estos lugares sacros habitaron personas que estuvieron consagradas a formar parte del servicio a los dioses, para dirigir los ritos, para custodiar los oráculos, para administrar sus rentas o para mantener la limpieza. Lo que nos demostraría que los cultos una vez institucionalizados, se transformaron en un aparato bien organizado para someter ideológicamente a las clases sociales, quienes tributaron de generación en generación a los sacerdotes y gobernantes.

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