DESAGRAVIO A CESAR VALLEJO DE JUEZ A INJUSTO REO

Dr. Francisco Távara Córdova, Presidente del Poder Judicial y de la Corte Suprema.

El 14 de Noviembre último, en la Universidad Nacional de Trujillo, el Dr. Francisco A. Távara Córdova, Presidente del Poder Judicial y Presidente de de la Corte Suprema, rindió el homenaje póstumo al Poeta Universal César A. Vallejo de Mendoza, con asistencia de autoridades del Poder Judicial, leyéndose la Resolución Nº 259’2007-CE-PJ, donde reconocen la labor desempeñada por don César Abraham Vallejo, en el cargo de Juez de Paz de Primera Nominación del Distrito y Provincia de Trujillo, Departamento de La Libertad; otorgándose en forma simbólica y póstuma, en acto público, la medalla distintiva de Juez de Paz.

La Resolución y medalla fue recibida por el Director Ejecutivo del Centro Cultural César Vallejo de la Universidad Alas Peruanas y sobrino nieto, Dr. Oswaldo J. Vásquez Cerna, quien agradeció en nombre de la familia Vallejo, de la Universidad Alas Peruanas y del Centro Cultural César Vallejo De Mendoza, destacando que después de 86 años se hace justicia, dirigiendo la mirada a la fotografía del Vate Universal, dijo: “César Abraham Vallejo De Mendoza, hermano de mi abuela, después de 112 días de estar encarcelado injustamente, recibes el desagravio gracias al Sr. Presidente y a los miembros del Consejo Ejecutivo del Poder Judicial que en forma valiente presiden y hacen este acto, este desagravio no debe significar enfrentamiento, sino que la justicia llega”.

El Dr. Francisco Távara Córdova, Presidente del Poder Judicial y Presidente de de la Corte Suprema, en su mensaje, expreso:

" Vallejo, murió dentro de la injusticia. En vida, su trabajo poético fue rechazado por los círculos literarios del país, e incluso, su poesía no fue apreciada, como acaece hoy, por el gran público lector o académico de Europa.

Luego de transcurrido sesenta y nueve años de su muerte, conoce hoy Vallejo la justicia literaria o “poética”, como la llamaría García Márquez, pues en el presente son más las voces, en el Perú y en el mundo, que reconocen en Vallejo a un poeta de dimensión universal.

Pero Vallejo también conoció no sólo la injusticia literaria de su época, sino también, la injusticia de un servicio judicial, el cual en el presente se encuentra sometido a una crítica social que está haciendo enormes esfuerzos por revertir.

Es más, y en esa misma línea de pensamiento, el propio poeta dijo en una de sus cartas, una vez advertido del proceso judicial seguido en su contra que “....Me quedo lleno de inquietud puesto que sé que todo es posible en materia judicial...”

El poeta viajó en el mes de julio de 1920 a Santiago de Chuco, habiendo estado en ese mismo mes, en la ciudad de Huamachuco, lugar en el que su hermano Néstor asumió por aquella época la judicatura. Tal viaje lo realiza, a Santiago de Chuco, para participar en las fiestas patronales del lugar.

El escenario político de aquella época, en Santiago, era particularmente agitado. De un lado, se encontraba la familia Santa María, de tendencia política “Pardista”, y del otro, Ladislao Meza Carballido, “Leguiísta”, el cual asume el cargo de Sub Prefecto de Santiago en reemplazo de Carlos Santa María.

Dentro de este sensible panorama, y durante la realización de la procesión del patrono de la ciudad, los soldados (“gendarmes”) de la prisión se sublevaron contra el Sub Prefecto, liderados por el militar Carlos Dubois, quien al ver frustrada su revuelta, dado que el pueblo intervino defendiendo la autoridad del Sub prefecto, decidió refugiarse en la casa de la familia Santa María.

Enterados de que la multitud se hallaba incendiando y saqueando la casa de la familia Santa María, el Sub Prefecto acude con César Vallejo, este último haciendo las labores de secretario, a fin de constatar los hechos ocurridos, y con ayuda de la fuerza pública, revertir tal estado de conmoción social.

Dr. Oswaldo J. Vásquez Cerna, Dr. Francisco Távara Córdova, Dra. Carlota Vásquez Casas, Dra. María del Carmen Gallardo, Dr. José Ciro Ramírez, Dr. Orlando Velásquez Benites.


Es así que César Vallejo redacta el siguiente telegrama al Prefecto radicado en la ciudad de Trujillo:
“Hoy sublevarse tropa instigada por elementos revoltosos abusaron siempre contra garantías ciudadanas. Tres muertos. Pueblo fue atacado por policía embriagada. Sub prefecto Meza cumplió su deber. Ruégale enviar fuerza armada con oficial consciente de su deber. Sublevación instigada por oficial Dubois y telegrafista Puente fugaron”.

Por su parte, Carlos Santa María, enemigo político de la familia Vallejo, escribe el siguiente despacho telegráfico, que luego ratifica en su denuncia contra Vallejo:

“Domingo primero, Alcalde Jiménez, Juez Martínez, Calderón Rubio, Héctor Vásquez, José Moreno, Hermanos Vallejo y otros criminales saquearon e incendiaron mi establecimiento comercial dejándome en miseria. Pido Justicia”

Acusado de tales hechos delictivos, el día 24 de agosto de 1920, el Juez Ad-hoc, Doctor Elías Iturri Luna dispone se amplíe instrucción contra el poeta. Ello luego de interpuesta la denuncia por el ciudadano Carlos Santa María. Posteriormente, y con fecha 31 de agosto del mismo año, el magistrado Iturri dispone la detención del vate, en atención a la declaración instructiva de Pedro Lozada.

No obstante esta convicción judicial en la declaración de Pedro Lozada, también inculpado de la comisión de hechos delictuosos, se tiene que su declaración instructiva fue efectuada sin la presencia de su abogado defensor y sin la presencia del representante del ministerio público. Incluso se llegó a cuestionar, justificadamente, la propia firma del inculpado Pedro Lozada en dicha declaración, ante lo cual el Tribunal Correccional correspondiente requirió la presencia del procesado, a fin de dilucidar tales hechos. No obstante, la fuga de aquel, y su posterior asesinato, impidieron tal dilucidamiento procesal.

A pesar de los fundados cuestionamientos contra aquella prueba, la cual era determinante para sostener la imputación penal contra el poeta, este fue ingresado a la cárcel de Trujillo, con fecha 6 de noviembre de 1920, a las 7 de la noche, acusado de los delitos de asonada y daños.

Vallejo permaneció entonces en prisión hasta el día 27 de febrero del año 1921, viviendo de modo estoico e intenso su encierro, pues es durante esta dolorosa estancia en prisión, que escribe su obra de mayor madurez literaria: Trilce. “Ahí se estilaron con sangre de su sangre, los mejores versos de Trilce”, escribió Antenor Orrego.

Durante aquel periodo, Vallejo insistió permanentemente, y ante el Tribunal Correccional, se le concediese libertad, dado que, como él mismo alegaba: “el juez instructor no tuvo elemento legal de criterio para decretar detención de lo acusados, invocando únicamente la contradicción que dice haber advertido en las instructivas de los mismos”.

Es de destacar que el órgano jurisdiccional, no dio respuesta a los reiterados escritos y argumentos esgrimidos por Vallejo, incluso, este precisó en otro escrito que:

“Bajo el imperio del Código de Justicia, cuya característica es la rapidez en la tramitación, hayan podido transcurrir más de cuatro meses, sin que el Tribunal Correccional acuerde mi libertad, o me remita los resultados de la audiencia pública respectiva”

No obstante el desalentador escenario judicial para el poeta, su caso convocó unánime solidaridad de intelectuales y periodistas del país, y de numerosos estudiantes de la Universidad Nacional de Trujillo, quienes a través de memoriales invocaron la libertad del vate.

Es así que con fecha 24 de febrero de 1921, el Tribunal Correccional competente ordenó que respecto de César Vallejo se amplíe acusación en calidad de partícipe por la supuesta comisión de delito de asalto. Ello sin perjuicio de disponer su libertad, dado que la pena que le correspondería sería la de arresto mayor en segundo grado, conforme a la legislación de la época.

Expedida tal resolución, Vallejo, a través de su abogado, Carlos Godoy, quien ejercía una defensa ad honorem del poeta, presentó al Tribunal un escrito en el que destacó acertadamente que la potestad de “acusar es atributivo exclusivamente al Ministerio público, quien puede o no formular acusación a su arbitrio”.

Recuérdese que dicho Tribunal había ordenado se acuse a Vallejo por el delito de asalto, en calidad de partícipe. Tal petición de insubsistencia del poeta fue declarado “sin lugar”. Empero, es de señalar que la supuesta comisión del delito de asalto no fue materia de investigación por el Juez Instructor de Santiago de Chuco.

Con fecha 21 de octubre de 1921, el Fiscal Quiroz Vega retira la acusación contra Vallejo, pues de lo actuado en el proceso se acreditó que el poeta no participó en la comisión del delito de motín o asonada. Sin embargo, desoyendo ese dictamen fiscal, por el cual simplemente el Tribunal Correccional debió proceder a excluir al vate del proceso, dado el retiro de la acusación fiscal – esto conforme a la normativa procesal penal de la época – ese Colegiado procedió, no obstante, con fecha 21 de septiembre del mismo año, a absolver de los hechos investigados a César Vallejo.



Dr. Oswaldo J. Vásquez Cerna, sobrino nieto del vate y Director Ejecutivo del Centro Cultural César Vallejo de la Universidad Alas Peruanas recibiendo la medalla distintiva de Juez de Paz y la resolución donde se reconoce que César A. Vallejo de Mendoza fue Juez de Paz de Primera Nominación del Distrito y Provincia de Trujillo de manos del Dr. Luis A. Mena Nuñez, Vocal Supremo y Jefe de la Oficina Nacional de Apoyo a la Justicia de Paz

Con tal resolución el Tribunal incurrió en nulidad, dado que su pronunciamiento debió ser el de excluir a Vallejo del proceso, u ordenar nueva instrucción o requerir la intervención de otro representante del Ministerio Público que formalice acusación. Ello en concordancia con el artículo 255 del Código de Procedimientos en Materia Criminal. Ante tal estado de cosas, interpuesto un recurso de nulidad por Carlos Santa María, la Corte Suprema de Justicia resolvió, de conformidad con el Dictamen del Fiscal Guillermo Seoane, que la resolución judicial expedida por el Tribunal Correccional de Trujillo adolecía de nulidad, siendo que este Colegiado debía proceder a señalar nueva audiencia.

Dado este escenario, el Tribunal Correccional procedió a notificar, primero a través de Edictos, y luego, mediante exhortos a los Consulados Peruanos en Madrid y París, dada la estancia del poeta en Europa, a efectos de que César Vallejo se apersone a las audiencias de juicio oral seguido en su contra.

Estos requerimientos judiciales, reiterados, fueron librados hasta el año 1928, fecha en la que el Tribunal Correccional finalmente declaro “Prescrita la Acción Penal”, archivándose la causa de modo definitivo. Ello con fecha 7 de febrero de 1928, y en atención a los escritos presentados por los procesados Alejandro Morales, Oscar y Vicente Jiménez.



Dr. Oswaldo J. Vásquez Cerna, agradeciendo en nombre de la familia Vallejo y de la Universidad Alas Peruanas.


Si la justicia es reparadora de la personalidad horadada, como refiere el poeta, es porque ésta se inspira en una clara vocación humanista, es porque ella, sólo puede ser tal, si se nutre de los valores más altos de lo humano.

Los magistrados de esta Corte Superior de Justicia de la Libertad, y los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, como seres humanos creyentes en la justicia, estamos reunidos en este escenario, para, yendo más allá de los actos procesales, de las formas del proceso, desagraviar al poeta.

Sea este acto, el más profundo y sensible acto judicial, aquel que sin ser adjuntado en el expediente Vallejo, sea sin embargo, en su sincero simbolismo y hondura, el que restablezca toda dignidad del poeta, frente a los hechos penales que le fueron injustamente imputados. Sea esta ceremonia una celebración de la justicia, una llegada, de la justicia, a la vida de Vallejo, una vida que todavía se escribe en el tiempo.

Hoy es el tiempo de la justicia, una justicia que se funde con la vida y la muerte, con el espíritu del Poeta.

José Martí, en uno de sus escritos, señalo que “La justicia primero, y el arte después”. Si bien lo dicho por el destacado poeta cubano, alude al compromiso que los artistas han de tener con la justicia social, hoy quiero utilizar aquellas palabras, para decir esta noche que la justicia peruana, y la justicia impartida en el mundo, sólo puede ser tal sólo si su corazón se haya abierto al arte, pues el arte se encuentra insuflado de lo más alto del espíritu humano.

César Vallejo, quien también fue Juez, y más precisamente un Juez de Paz durante aproximadamente un año (1917), supo reunir en sus acciones la justicia con el arte, y el arte con la justicia.

Y como es justamente el arte lo que lo caracteriza la valiosa obra de Vallejo, permítaseme citar aquí el hermoso poema “Idilio Muerto”, el cual de inmediato paso a declama.

“Idilio Muerto”

Qué estará haciendo a esta hora mi andina y dulce Rita de junco y capulí;
ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita
la sangre, como flojo cognac, dentro de mí.

Dónde estarán sus manos que en actitud contrita
planchaban en las tardes blancuras por venir;
ahora, en esta lluvia que me quita
las ganas de vivir.

Qué será de su falda de franela; de sus
afanes; de su andar;
de su sabor a cañas de mayo del lugar.

Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje,
y al fin dirá temblando: «Qué frío hay... Jesús!»
y llorará en las tejas un pájaro salvaje. .


César Vallejo está así con nosotros...

¿Qué estará haciendo? ... ¿Dónde estará mi amada?, se pregunta el vate, en el poema que hemos escuchado...se interroga por aquello que conoce y que sin embargo se haya ausente, Su amada se encuentra lejos de él, y él lejos de ella, casi como un exiliado, como quien se ha despedido de todos, y se haya desterrado en la lejanía... lejos de su madre, lejos de su pueblo natal, lejos de sus amigos, lejos de su país...

Vallejo murió lejos de su patria, pero su obra, vive con nosotros, soberbia y actual, muy actual, presente, y viva, con todos nosotros....entre nosotros...

Quiero también en esta ceremonia, como en aquella celebrada por el Poder Judicial, en agosto del año 2006, hablar sobre la actualidad de César Vallejo, y asimismo de la vigencia del oficio de poeta, del artista, en nuestra sociedad contemporánea.

Estas reflexiones no tienen la pretensión de arrojar nuevas luces sobre una materia ya bastante trabajada, y visible, para los doctores en literatura y en poesía, específicamente. Como un admirador de la tarea artística, sólo quiero hacer públicas, de modo apretado, mis apreciaciones.

Soy un apasionado lector de Vallejo, como tantos hombres y mujeres del Perú, y del mundo, que pertenecen a generaciones disímiles, lectores que han encontrado siempre un sentido nuevo en la obra de Vallejo, una literatura que se reescribe en el imaginario de cada época, porque Vallejo, como esos singulares espíritus de nuestra especie, escribió desde lo más hondo de lo humano, para lo humano, a un costo, que el afrontó con terror, y también con entereza. Expreso el Doctor Francisco Távara Córdova, Presidente del Poder Judicial y la Corte Suprema de Justicia.


 









Poemas de Cesar Vallejo


Articulo : La otra pluma del poeta


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